El hecho de tener esto en cuenta en nuestro trabajo diario influye en el resultado final de nuestra evaluación clínica.
Es por ello que intentamos que el tiempo que pase nuestra mascota en la clínica sea lo más tranquilo posible: habiendo por ejemplo en la sala de espera zonas separadas para gatos, donde se encuentran menos intimidados.
Además, con los animales más miedosos se plantean protocolos individualizados de manejo que incluyen desde técnicas para relajarlos, hasta si fuera necesario la administración oral de fármacos que actúan de manera selectiva en las vías que controlan el miedo un tiempo antes de las visitas.






